Descorche, una buena costumbre

Descorche, una buena costumbre


“Descorche” se llama a la acción de llevar tu propio vino a un restorán y pagar un precio, en general el del vino más barato, que te habilita a disfrutarlo. Nada tiene que ver con la ostentación, ni con el esnobismo, más bien está vinculado al placer por el vino y la buena comida
Hay quienes dicen que llevar tu vino a un restaurant es de mala educación o de soberbio, hasta incluso equiparable a llevar tu propia comida! Yo, por el contrario, pienso que casi siempre es de buen gusto e incluso es un halago para quién hace la comida. El mundo del vino es tan amplio, los gustos tan diversos, que el “descorche” es una bocanada de aire fresco, para quienes disfrutamos de él.
Siempre que veo entrar a mi restorán a un cliente con una botella bajo el brazo, me es imposible evitar no acercarme para preguntarle cuál eligió, preguntarle porqué y si lo pensó para algún plato en especial. Me honra quién se toma su tiempo para elegir en su casa esa botella que disfrutará con mi comida y con sus afectos.
Amo el vino, blanco, tinto, rosado, con madera o sin madera, jóvenes, viejos, de Salta, Mendoza, Neuquén, Mar del Plata o de donde venga. Soy de los que no pueden imaginar una comida, sin pensar en el vino que la acompañaría. Cuando cocino un plato nuevo, voy pensando en cuál vino de la carta le quedará más rico y si no lo tengo, lo busco para agregarlo.
Cuando entro a un restorán, lo primero que miro es la carta de vinos, para ver que tienen y según lo que encuentre, será la comida que pida. Y si ninguno me convence, pido el más barato. En general, me encuentro con más cartas armadas en función de acuerdos con grandes bodegas, que por amor al vino rico. Sus precios muchas veces triplican, sin que nada lo justifique, el valor de costo en una vinería. También suelen ser limitadas en cuestión de cepas, mucho Malbec, pocos blancos y muchos menos rosados.
Hay bodegas chiquitas, de esas que al vino lo hacen sus propios dueños, enólogos que apuestan, con cariño, dedicación y sapiencia, a crear vinos que te llegan al corazón. Esas difícilmente tengan la oportunidad de entrar en la carta de muchas de las mejores parrillas o restoranes, ya que no les da la espalda para pagar la llave que se los permita. Es aquí, en donde el “Descorche” hace mayor diferencia, te permite ir más allá de los acuerdos comerciales y las modas, a ese lugar confortable y placentero de tomar el vino que a uno le gusta con la comida que elije pagar.
No tenga vergüenza, la próxima vez que reserve para ir a comer, pregunte si tienen descorche y lleve esa botella que tiene bien guardadita por ahí. Salú.
Descorche grafico_2

1 comentarios

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    Mario

    Gonzalo ,querido. Entiendo y respeto tus conceptos, más no puedo, aunque quiera, pensar en ir a tu lugar u otro, y llegar con una botella bajo el brazo. Yo te elijo por todo, y por nada en especial, me gustan vos y tu mujer, por varias razones, me gusta tu comida, por varias otras, me gustan tus vinos, que no sé bien cuáles son, pero el par de veces que tomé eran correctos,incluso la última Florencia me dijo -probá el de la casa que es bueno, y era rico y tomé tres faroles, perfectos, me gusta el ambiente, los nombres de las comida y una simpática situación cuando aparece la marcha y , más antes que hoy día, muchos se quedaban duros, sin saber qué hacer, hasta recomponerse y festejar la cosa y llegar a cantar como uno más. Como muy bien en casa y tomo bien, tanto como en un restaurante medio, no necesito ir con un vino especial, como salvo alguna excepción lo hago en casa; prefiero incluso que el dueño o el encargado, a los que casi siempre he conocido por frecuentar, me ofrezcan, me digan, éste va bien, está bueno, te va a gustar. Tal vez como soy de tomar el 90% tinto y de esto el 75% Cabernet, soy más fácil de contentar. Nunca hice un apostolado de nada, unas buenas empanadas están riquísimas y otras también, un plato bien hecho me satisface, y si mejor, mejor .No hay ¨lo mejor del mundo¨ Todo tiene alguna relatividad, y yo desde luego mis preferencias. Tengo desde toda la vida media docena de lugares que ahora se hicieron doce o quince y de ahí no me muevo cuando quiero comer determinadas cosas, si no, todo está en casa; la salida es distensión, homenaje a Mora, tranquilidad , gusto por algo rico, atendido, y ya es lujo; preocuparme por llevarme un vino, sería una estafa a mi esencia, manera de ver la vida y al respeto y consideración a cada lugar al que voy, dónde el que me atiende, hasta elije, muchas veces lo que como y tomo, yo feliz, para mí, me está mimando como mi vieja.Y sé que a él que tanto se sacrifica,ese gesto de confianza le retribuye en algo sus esfuerzos, a veces de una vida. Considero que somos muy afortunados, riquísimos en todo, con lo que como y tomo en cada lugar estoy sobrado por demás, y agradecido a la vida. Es una manera de ver y filosofar, que no se contrapone a nada. Es lo que es. Abrazo.

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