Siete cosas que la gente ama hacer en los restaurantes

Siete cosas que la gente ama hacer en los restaurantes


Es muy fácil «pegarle» a un restaurant o a un cocinero, criticar el trabajo de otro y echarlo abajo pareciera ser muy sencillo. Lo difícil a veces es mirar un poquito hacia adentro y ver que los errores los cometemos nosotros muchas veces. El argentino promedio sabe muy poco o nada sobre gastronomía, estamos en un país donde el periodismo gastronómico (el serio) prácticamente no existe y en donde los restaurantes todavía no saben muy bien lo que ofrecen pero todo esto no significa, ni justifica, que hagamos lo que queramos cuando entramos en un restaurant, acá les dejo una lista de las quejas más comunes que oigo sobre los comensales.

Fumar
Gracias a la ley Nº 26.687 desde junio de 2011 no se puede fumar en lugares públicos cerrados, sin embargo, debe ser de las cosas que más les fascina hacer a los comensales, fumarse un pucho antes de entrar, entrar, dejar sus pertenencias desparramadas por la mesa y volver a salir a fumar (con un poco de suerte ya hicieron el pedido), retrasar los platos porque justo están fumando, levantarse de la sobremesa para fumarse otro cigarro y al salir quedarse charlando en la puerta dando unas pitaditas mas.

Ensuciar baños
¡Aaaaaah los baños! Los comensales son los primeros en quejarse del estado de los baños porque piensan que un hada urinal los ensucia mágicamente, cuando en realidad son ellos los que mean con el asiento bajo, tiran los papeles «embarrados» casi en el cesto, dejan «patinadas» artísticas en los inodoros (cual Bansky escatológico) y mojan el espejo y los pisos duchándose en el lavatorio. Los baños no estarían sucios si la gente no fuera tan sucia y maleducada, pero es más fácil echarle la culpa al restaurateur por no limpiar las chanchadas ajenas.

Modificar los platos
Escudados bajo el nefasto lema «sobre gustos no hay nada escrito» o «me gusta comer como en casa» a los comensales les gusta dar órdenes sobre el trabajo de los cocineros. Vayamos por paso, si de algo se escribió mucho en el siglo pasado fue sobre gustos, hay muchísimo escrito sobre ellos, los cocineros son como abogados y su trabajo es aplicar las leyes del sabor para el mayor disfrute de su trabajo ¿Acaso te gusta que un don nadie vaya a tu trabajo y te diga cómo hacerlo? Me imagino que no, entonces, a pesar de ser una de las cosas favoritas de los comensales, no le digas al tipo como hacer su trabajo, demasiadas horas paso quemándose los dedos con sartenes y las pestañas con libros para estar donde está. Si tu señora no te complace los berrinches culinarios ¿Por qué vas a perturbar el método de trabajo de los demas?.
¿Te gusta comer como en casa? ¡Pues quédese a comer en su casa mi querido!

No averiguar de que va el Restaurant
«¿¡Cómo pueden llamarse restaurante italiano y no tener ni milanesa napolitana ni sorrentinos de muzza y jamón!?» así de textual y verídica puede ser la estupidez humana. Este punto sería una sub división del anterior. A los clientes les gusta que los restaurantes tengan de todo, como botica, por eso cuando van a una parrilla piden pasta y cuando van a una pizzeria piden ravioles, después cuando la comida sale fea hacen mala crítica del lugar.

Hay que entender que cada restaurant arma una estructura dependiendo lo que quiere ofrecer, si vos te entras como tarambana a un lugar en el cual no te ocupaste de averiguar lo que ofrecen, no podés esperar que te complazcan con algo que no tienen o que no es su fuerte. Y seamos sinceros, al argentino le gusta que la comida china sepa a argentino, que la mexicana sepa a argentino, que la india tenga gusto a argentino, por suerte existen restaurantes que hacen las cosas como deben, así que mi consejo para los comensales es averiguar siempre adonde están entrando o mejor aún, mi consejo favorito, quédate en tu casa.

Reservar y no asistir
Sábado 21:45hs, el salón explota y la cocina está que arde, los cocineros revolean sartenes y platos mientras los mozos corren casi sin rumbo fijo, en una pasada uno atiende el teléfono que lleva 5 minutos sonando, del otro lado se escucha una voz aletargada que nos recuerda un poco a Graciela Borges (pasada de pastillas) «Hola, quería que me dictes el menú para saber que tienen…¿podría hacer una reserva para las 21:50?» el mozo no sabe si reír, llorar o sumergir la cara en la freidora pero por suerte siempre hay una opción más educada y saludable, así que opta por colgar violentamente y gritarle al teléfono ¡La concha de tu madreeeeeeeeeeeee! Como si el pobre teléfono tuviese la culpa de la persona que quiere reservar en el día más complicado de la semana a la hora más atareada. Esta bien, arriesgarse no cuesta nada, pero acordarse de que tenes hambre y querer reservar para el momento es signo de estupidez evolutiva, consulte a su médico.

Pero hay un ser aún peor que el que quiere reservar a última hora, que en cierta forma refuerza la existencia del que quiere reservar a última hora, y es el que reserva y no aparece, no llama para cancelar la reserva y no contesta cuando el encargado del salón lo llama para confirmar. Esto no pasa solo acá, pasa en todo el mundo, pero del resto del mundo mucho no nos interesa porque nosotros vivimos aquí ¿Qué clase de alma torturada reserva una mesa y no asiste? Cancelar una reserva es una cuestión de cortesía y buena educación, si te sobra un cromosoma y no sabes comportarte en sociedad ándate a vivir a la jungla.

Restricciones alimentarias
Los hay de todo tipo, los que no comen nada de un color específico, los «alérgicos» al ajo (si, al ajo, la sustancia más sana del planeta), los que no comen ningún animal de granja que haya sido cortejado por el peón, los celíacos por moda y los que no comen ningún ex ser viviente.

Evidentemente su infancia fue muy dura y no recibieron la atención requerida (o los chancletazos requeridos) y van al restaurant a imponer sus caprichos. Hay vegetarianos que van a una parrilla a comer ensalada y quejarse de los que comen carne ¿En qué cabeza cuerda cabe? Es como que yo me meta en un restaurante vegano y exija asado de tira, lo repito, un restaurant no es botica.

Con los celiacos podríamos decir que es un tema más delicado, ya sabemos de los niveles de celiaquia y bla bla bla ¿No te parece lógico evitar ir a un restaurante italiano o pizzería? Si, tenes derecho a ser atendido y recibir un plato de comida, trata de hacerlo en un lugar especializado por favor.

Después tenes al que gusta no comer tal ingrediente porque le da asquito, porque en la tele dijeron que hacía mal, porque no le gusta el olor ni el sabor a pesar de nunca haberlo probado, a esos más que un restaurant les recomiendo un manicomio.

Amo y señor
Por último tenemos el mayor de los gustos a la hora de comportarse en un restaurant, el amo y señor, que es una suma de todas las «satisfacciones» anteriores. Los amos y señores adoran creer tener la razón por gozar el título de cliente, siempre se quedan con hambre, son los primeros en llegar y los últimos en irse, cuando las sillas están sobre las mesas y el bachero le trapea las patas.

Hay que aprovechar cada centavo invertido en la salida y por eso usa la mayor cantidad posible de escarbadientes y servilletas, pide tantas paneras y queseras como la paciencia del dueño aguante antes de querer cobrarle, siempre encuentra un pelo en la sopa para exigir una cortesía gratuita y a la voz de «yo soy cliente de toda la vida desde hace 3 días» pide que le hagan algún descuento, mendiga un cafecito gratis o una copita de lemoncello, pide llevarse las sobras aun cuando dejo el plato completamente limpio y vacío.
No le gusta dejar propina «porque el servicio no fue bueno y prácticamente lo echaron a patadas (aun cuando el restaurant debería haber cerrado 2 horas atras)», no importa el tendal de mozos y cocineros que hayan quedado maltrechos en el camino por atenderlo, mañana quizás vuelva por un café para terminar de aprovechar la inversión.
Así es este submundo de los clientes, un mal necesario en ciertos casos, hay muchas razones entendibles pero muchachos, somos gente adulta, los caprichos y los complejos dejémoslo para debajo de las sábanas.

12 Comments

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  1. 1
    Andrea Robledo

    En un todo de acuerdo, excepto «Fumar…» , salvo por lo de «dejar sus pertenencias desparramadas por la mesa… y retrasar los platos porque justo estan fumando» el resto no entiendo cual es el error… Gracias!

  2. 3
    Mario

    No tengo tanta experiencia y jamás he visto cosa igual, pero al decirlo vos,te creo e imagino tales cosas y me da asco humano, puedo decir que he comprobado lo de los baños, malos modos, y los miserables con las propinas, últimamente en un blog en el que participo, se ha hablado de los que reservan y faltan sin aviso, lo que casi me descompone. Debo decir que estas cosas que parecen menores, las veo como un tratado sociológico y un muestrario del fondo mismo de nuestra sociedad. Con dolor digo que es lamentable. Siempre he visto y sentido al restaurante y a sus responsables como amigos y al lugarcomo una prolongación de mi casa, salvo alguna excepción a la que no he vuelto.

  3. 4
    AMaglione

    Estimado: algunas observaciones. 1) Afirmar que no existe la crítica gastronómica es ignorar mi trayectoria de más 30 años con 4 revistas fundadas de las cuales sobreviven 3 sanas y buenas. Es ignorar a gente como Luis Lahitte, Rodolfo Reich, Alejandro Iglesias, Joaquín Hidalgo y algunos otros que no merecen figurar como inexistentes en tu cuenta…. 2) Si van a la parrilla y piden pastas, es porque el lugar las tiene en su menú…Hay parrillas, como Lo de Alberto en Bariloche, que tiene 4 cortes de carne, los mejores chorizos, las mejores ensaladas e inolvidables papas fritas y punto, no hay nada más aunque vaya el Papa. El problema está en el menú no en los comensales. Si veo «sopa de luciérnagas» tengo derecho a pedirla. 3) El tema de los celíacos es realmente de cuidado. No hay tantos lugares especializados Max y no eligieron ser celíacos. Pienso que hay considerarlos con más generosidad. Hay una nota mía de hace unos meses en La Nación sobre la celiaquía, quizás te interese. 4) El tema de las reservas se soluciona maravillosamente con sistemas como Restorando. Se adhiere y se para de sufrir. 5) Los clientes suelen ser figuritas difíciles, aunque no constato en mis salidas DIARIAS tanta gente mal educada como pareciera haber en tu reseña. Los dueños de restaurant también son difíciles. Te cobran igual un mal servicio, explicándote la culpa del personal que le faltó…Que el primer plato llegue una hora después no amerita ni siquiera una disculpa…¿Un descuento? Ni soñando. También me suelen explicar «recién abrimos hace un mes», tiempo durante el cual los clientes le pagaron la capacitación del personal a full tarifa…La explicación de «una mala noche la tiene cualquiera….» está en boca de muchos cocineros propietarios. Lo que no piensan es que el cliente no tiene porqué pagar SUS malas noches…Antiguamente, una noche de pesadilla, terminaba con un dueño diciendo «disculpe señor, vaya nomás, su cuenta está paga…». Por lo demás, coincido en un 100% contigo. Me encantaría charlar esto mano a mano. Estoy a tu disposición: mi e-mail es amaglione@datamarkets.com.ar

    • 5
      Max Carnage

      ¿Como le va Maglione? Antes que nada le agradezco que me haya separado sus observaciones en diferentes items, se me complicaba un poco si estaba todo junto y de paso así me es más fácil responder y podemos tener una mejor devolución. 1) Sus 30 años de trayectoria son mis 30 años de vida, así que soy consciente de lo mucho que me falta aprender, sin embargo, algunas cosas sé y me apasiona mucho la gastronomía como para tener (masomenos) una idea formada. Quizás mi error en este punto pasa por afirmar que no existe el periodismo gastronómico, cosa que intento subsanar entre paréntesis advirtiendo que lo que no existe es un periodismo serio, ahora bien, podríamos decir que esta afirmación es peor aún que la anterior, «No aclares que oscurece» que le dicen.
      Yo soy un cocinero más de los tantos que pululan las cocinas de nuestro país, sin embargo me tocó vivir algunas situaciones en carne propia para creer que a nuestro periodismo le falta seriedad, las que no me tocó vivir puedo respaldarlas con colegas a los cuales admiro, aprecio y respeto y coparten conmigo el trasfondo gastronómico, porque en nuestra gastronomía hay más puterio que en toda la longitud de la calle Corrientes, solo que con menos tangas.
      ¿Sabe usted que cosas me parecen poco serias? Que un PG anuncie su llegada a un restaurant exigiendo ser alimentado de manera gratuita sin importarle el trabajo del dueño, los cocineros y el personal de salón; Que un PG sea capaz de hablar mal de un colega cocinero solo porque no le agrada su cara; Que un PG utilice un medio masivo para defenestrar a un colega, su trabajo y su restaurant por cuestiones personales; Que no se difundan el trabajo, los proyectos y los productos regionales generados por el incesante trabajo de muchos colegas que enriquecen nuestra gastronomía; las preferencias, los amiguismos y las exclusividades me parecen poco serias; los canjes de notas por viajes, hoteles y comida también; entonces mi estimado Alejandro, con sus 30 años de experiencia usted sabe mejor que yo y me puede decir que estas cosas realmente pasan y no son obra de mi imaginación ni la de un colectivo de colegas.
      2) Creo todos los puntos en la nota pueden ser desarrollados para funcionar como notas por si solas y así ser mejor entendidas. En este punto estoy de acuerdo con usted, pero creo que muchas veces el dueño de una parrilla (por dar un ejemplo) agrega una pasta solo para complacer al público, lo que no significa que ese plato salga bien, si una parrilla necesita 4 parrilleros para hacer funcionar su principal atracción ¿Para que contratar un quinto cocinero que se encargue de la única pasta que saldrá cada 50 platos de carne? Que la prepare el bachero o alguien que no esté tan ocupado, así el tipo que pidió pasta en una parrilla es muy probable que coma mal y termine disconforme. No nos olvidemos que hoy en día cualquiera puede «destrozar» a alguien con comentarios malignos en las redes sociales y eso genera un malestar general dentro del rubro. Dicen que la milanesa de La Brigada es excelente pero yo prefiero comerme un baby beef con chinchulines de guarnición y la milanga la cómo en el Perón Perón.
      3) Las restricciones creo que son la parte más hilarante de la nota, ¿Que clase de ser horrible no le permitiría la entrada a un celíaco? Pero me paso de trabajar en un restaurant de pastas (o italiano si se puede decir) al cual un celíaco extremo quería asistir aun cuando supuestamente una partícula de harina lo haría estallar como un talibán…ese es un extremo verídico sobre las restricciones alimentarias y en donde me apoyo a la hora de plantear el tema en la nota.
      4) ¿Para que darle plata a Restorando si la buena educación es gratuita? Debe existir alguna razón por la cual no todos los restauradores usan ese sistema porque si fuese tan sencillo ¿Por qué no usarlo?, la verdad que soy ignorante de ese tema, igualmente el tema de las reservas es global.
      5) Mientras escribo todo esto viajo de regreso a casa, tengo 2hs de viaje para volver y la misma cantidad para ir a trabajar, subo a trenes, colectivos, subtes e incluso taxis si la situación lo amerita, por la tarde y por la madrugada, quizás mis salidas a restaurantes no son diarias pero le puedo asegurar que viajo todos los días con la mala educación como para reconocerla, ya tengo el ojo entrenado. Los dueños de restaurantes son difíciles, si, eso es verdad, creo haber hecho una referencia en mi nota sobre la milanesa en este mismo blog y quizás otra en alguna nota que escribí para Fondo de Olla, puedo incluso escribir una nota sobre estas personas que llevan adelante los establecimientos gastronómicos, seria divertido y polémico. Estoy en contra de las explicaciones como justificativo, al cliente no le importa si el verdulero no llegó a tiempo o si el pibe nuevo es demasiado lento y no terminó la mise en place, a nosotros nos pagan por soluciones y eso es lo que los clientes requieren.
      Por último y espero no haberle robado mucho tiempo, creo que a la nota hay que tomarla como una observación jocosa de como somos a veces los comensales (entre los cuales me incluyo) y con respecto al periodismo gastronómico ya estoy escribiendo una nota sobre la profesión más antigua del mundo 😉
      Lo saluda atentamente el honorable y excéntrico Max Carnage.
      PD: Me encantaría seguir intercambiando opiniones por mails, jamás hay que dejar pasar la oportunidad de seguir aprendiendo.

  4. 6
    Al Alba

    Estimados, que bueno poder decir que coincido con los dos…. Desde el punto de vista casi tragicomico del post, hasta las buenas ovservaciones de esta respuesta.
    Va mi propia experiencia….. Villa La Angostura, propietaria de una parrilla, creanme de las buenas, emprendimiento fliar, en donde al estar cada segundo que tenemos abierto, hemos dado por pagas cuentas de mesas fallidas, y de la que tengo prueba es justamente una mesa que vino a comer pastas….. fallo el proveedor, se equivocaron de relleno, querian comer de trucha y no eran de trucha, cambiamos 3 veces los platos, no cobramos, pero en este caso hasta tuvieron un reconociemiento en trip… red de la cual no somos muy afectos.
    Hay clientes para todo, por supuesto que si tengo pastas, y hasta bastante variadas pueden pedirlas, pero hasta ofende, como nos acaba de pasar hace minutos, que una señorita nos responda que nuestras salsas son basicas….. y si, son muy basicas, ya que las pastas son complemento de las achuras, la provoleta, los bueñuelos de verdura, el morron asado con huevo, el asado, el vacio, la entraña, las ribs con Bbq, la bondiola, la trucha, bife de chorizo, ojo de bife, matambre de cerdo, matambre tiernizado…..
    Aunque parezca insolito, hemos tenido no una, sino varias veces mesas integras de vegetarianos, que aun hoy me pregunto a que entraron a una parrilla…..
    Obviamente el cliente siempre tiene la razon, pero a veces, y muchas se extralimitan!!!!
    Saludos Cordiales, un placer leerlos!!!!

  5. 7
    Liliana

    Si lo comentaste como anécdotas graciosas esta bien, sino es así nunca pongas un restaurante porque no es lo tuyo, te fundis en 1 mes.

  6. 8
    AMaglione

    Max, pasame un mail y te la sigo por allí. Volvemos al punto 1) Generalizar que no existe periodismo serio es ofender -no luce gracioso…y tengo un reconocido sentido del humor- a varios colegas que me consta de su trabajo serio, aunque no le guste a algún cocinero trasnochado. 2) Te puse el ejemplo del exitosísimo Boliche de Alberto para que le dieras bola: NO SIRVE PASTAS Y PUNTO. Poner un bachero a hacer pastas que puse en un menú que nadie me obligó a que fuera así tiene nombre: es una estafa (dicho amigablemente). 4) no promuevo darle o no plata a los amigos de Restorando. El problema de las reservas caídas en universal. Hace 40 años recorría los principales restós de Europa. En todos, me pedían un número de tarjeta de crédito, y me aclaraban que si caía la reserva me cobraban un monto significativo en dólares. Parece que hay maleducados en todas partes. Si no querés darle plata a Restorando, más práctico que educar al Gran Pueblo Argentino Salú, te va a resultar aplicar el sistema de «flaco pasame una tarjeta y si no venís yo te emboco un $500 por daños y perjuicios…». No sé que número es, pero te respondo: no te equivoques, el crítico gastronómico no es colega de ningún cocinero. Trabaja para sus lectores, no para los restaurantes. Hay excepciones públicas y notorias que por un monto razonable escriben sobre tu restaurante y hasta por ahí aparecés en algún libro (más detalles personalmente…). Tampoco sé el nùmero: si hay periodistas garroneros es porque los restaurantes le piden a las «chicas de prensa» que se los manden. Lo que vos tenés que tener claro es que los medios, todos, pagan MAL las notas, lo que hace que sea IMPOSIBLE que el periodista se pague su morfi. Caeríamos en el ridículo que el periodista escribe, y al hacerlo promueve un lugar, cerrando la paradoja de que paga por promover un restaurante. ¿No quiero notas? No recibo a nadie y punto. ¿El tipo es un chorro que pide guita por hacer la nota, además de ser invitado? Denuncialo claro y fuerte. Yo suelo hacerlo cuando me entero.
    Sigamos por e-mail. chau. No tengo el tuyo, escribime al mío

  7. 9
    Nicolas

    Veníamos bien con la nota hasta «Restricciones alimentarias»; mi humilde opinión: creés que todo el mundo debe ser como vos. Y eso es discriminación. Yo personalmente no tengo ninguna restricción alimentaria, pero respeto al que la tiene y mucho más al que no tiene elección. Decirle a una persona que no eligió ser celíaca que vaya a un restaurante especializado es una falta de respeto y discriminación lisa y llana (googleá inadi). Todo restaurante, si es público y tiene una licencia para ello otorgada por el estado, debería tener algún menú para esa persona. No tiene la culpa y no puede ser discriminado por ello y no ir al cumpleaños del abuelo que todos hacemos en el restaurante italiano. ¿No querés también que aquellos de cierta religión o preferencia sexual vayan a un restaurante especializado? Si no tolerás el ajo por un problema de tu cuerpo, te parece mal preguntar o pedir si pueden no ponerle ajo a la comida? Porque vos no tenés ese problema, que se jodan los que lo tienen por no ser tan puros como vos? Que una comida sea la más sana del planeta para vos significa que lo debe ser para todos?

    El resto de la nota está muy bien, pero con esta parte le pifiaste. Saludos!

  8. 12
    veronica

    Max, coincido con vos plenamente y hasta creo que fuiste benévolo o escueto en cantidad de defectos que tenemos los argentinos a la hora de asistir a un recinto gastronómico, podría enumerarte mas hasta escribir un libro, pero entiendo que la nota debía seleccionar solo algunos. (tengo 17 años de experiencia como moza y 5 como pastelera, he visto lo inimaginable, pero aun así ¡amo la gastronomía!!) Ojo también existe una gran cantidad de propietarios que al parecer se encontraron con unos pesitos de más y dijeron ¿y si ponemos un restaurant? sin la menor idea de como se tira un café. En cuanto al periodismo gastronómico creo que no es que le falte seriedad sino que el enfoque que éste tiene no es completo ni abarcativo de la actividad en todo su «métier» pueden ser periodistas muy cultos y viajados y haber conocido lo suficiente como para comparar pero jamás se han metido puertas adentro en la dinámica de un local gastronómico para saber «de que va la cosa» los entretelones de la gastronomía no se estudian en ninguna escuela, se aprenden fogueándose dentro de una cocina o detrás de una barra a salón lleno, a cocina desbordada, en esa adrenalina que termina en éxtasis al terminar la jornada y que todo haya salido bien. Como me dijo una vez alguien que tuvo empresa gastronómica: «los buenos mozos y los buenos cocineros son los mejores empleados también al cambiar de rubro, ¿sabés por que? porque capacidad de resover y seguir avanzando» yo creo que esto es absolutamente cierto. Show must go on. Saludos y felicitaciones por la página.

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