Los 50 Best siempre traen polémica.

Los 50 Best siempre traen polémica.


Que tal restaurant merece estar más alto, que tal otro entró por amiguismo, y de todos los cuestionamientos el más recurrente es el que se refiere a la parrilla La Cabrera. No soy de ir a comer a parillas normalmente, porque quienes vivimos en la provincia solemos comer el asado en el patio de nuestra casa, donde sale con un mejor punto que en el 90% de las parrillas porteñas; pero había que ir a probar y allá fuimos.

Apenas entramos podemos apreciar lo que será lo mejor de La Cabrera: la atención. Una cantidad apabullante de mozos a tu disposición, de esos a los que denomino los «mozo-abuela», se preocupan tanto por que estés bien que llega un punto en que roza lo molesto. El salón está muy bien puesto y te tratan como a un príncipe, lo que se espera de un restaurant de primer nivel.

Pasando a la comida nos reciben con un platito con manteca y dos pastitas tan olvidables que ya no recuerdo que eran. El pan era normalito. Pedimos asesoramiento al mozo en cuanto a las cantidades y cortes de carne a pedir y fuimos con dos entradas y dos principales. O mejor dicho dos medias entradas y dos medios principales. Algunos platos como las mollejas figuran en la carta con el absurdo nombre de «media porción», mientras otros cortes como el asado no. Entonces cuando el mozo te sugiere que pidas media porción de asado y media de molleja no sabés si se refiere a que pidas (y pagues) lo que figura en carta como «media porción de mollejas», o la mitad de esa «media porción».

La media porción de mollejas es abundante, lo que en cualquier lugar es una porción entera, y están muy muy bien, crocantes por fuera, tiernos por dentro, gustosas. Los chinchulines son tiernos y tienen un sabor suave, delicado y agradable, pero parecen más hervidos que a la parrilla. La gracia de los chinchulines está en el contraste del exterior crocante con la untuosidad del interior; para mí de esta forma no tienen gracia.

Ni bien empezamos a comer las entradas nos traen los principales, una equivocación inaceptable para todo lugar que sea top 100 de cualquier cosa. La «media porción» de ojo de bife era un ojo de bife (¿por qué no ponen directamente «un ojo de bife» o el peso en gramos y listo?), lo pedimos jugoso y vino a punto. La carne era muy tierna, se nota que de excelente calidad, pero estaba tibia y no tenía un sabor particularmente memorable. No era de esos cortes que probas en un asado y decís emocionado «uy viste que bueno que está esto?».

La tira de «asado de centro» para nuestra decepción era asado banderita con una cantidad de grasa inaceptable para un lugar de primer nivel. Solo había dos huesitos rescatables. Que a un cocinero se le pase un minuto el punto de ojo de bife se puede entender, pero el corte de carne grasoso no es una equivocación, es un pedazo de carne de mala calidad que queda en la política del restaurant de servirlo deliberadamente así o usarlo para hacer hamburguesas. La tira de asado del centro de La Cabrera que me trajeron parecía falda al lado de la tira de asado especial que comí en La Brigada. Si te estoy pagando un precio premium lo menos que espero es que me traigas un corte de carne premium, no uno lleno de grasa. La carne era tierna, estaba rosada en el centro (lo que no es tan fácil en un asado banderita), pero ni punto de comparación con lo jugoso que puede ser un tradicional asado de tira.

Cabrera

Cada «mediaporción» de carne llega acompañada de las famosas cazuelitas, cuya cantidad y variedad resulta impactante y generan indudablemente una estimulación visual muy positiva, pero que lamentablemente se destacan más por su cantidad que calidad. A diferencia de los acompañamientos originales que sirven en lugares como La Carnicería o Nuestro Secreto, acá nada tenía onda. Un puré de papas tibio y aburrido, una conserva de berenjena sin acidez, una milanesa de berenjena fría, una pasta de alcaucil que no me agradó, una jardinera insulsa, un palmito con salsa golf Hellman’s, uno de esos mini choclos de lata… lo único que estaba bien era una pasta de aceitunas y unas espinacas a la crema, pero no hubo ningún tachito tan rico que te obligue a comértelo hasta el fondo dejándote con ganas de querer más.

Puedo entender por que a la gente le gusta La Cabrera. Comés carne de buena calidad (con buena fé supongo que mi tira de asado fue una excepción), con una atención de primera y con una variedad de platitos que hacen «divertida» la experiencia. Y está muy bien que así sea. Pero un lugar que es top 50 del subcontinente debería ofrecer mucho mas que eso. Es sencillamente inaceptable que te traigan un pedazo de carne tan grasoso, que el servicio no marche los platos como se debe, pero principalmente que no haya nada especial que lo destaque del resto. Podés comer carne de nivel similar en muchos otros lugares de Buenos Aires, con un servicio de similar nivel, pero con mejores guarniciones y vueltas de tuerca de la cocina. No te digo que La Cabrera esté mal, pero viviendo en una ciudad donde está La Brigada, Happenning, Nuestro Secreto y La Carnicería, no creo que vuelva a pasar por la Cabrera por mucho tiempo, y realmente no entiendo por que dicen que es uno de los mejores restaurants de Latinoamérica.

———–

Acordate que todavía estás a tiempo de votar en la encuesta de los 50 best (click aquí) de A Fuego Lento y ganar dos cajas de vino de la bodega Margot

1 comentarios

Deja el tuyo
  1. 1
    marcelo

    Muy buen articulo. Probaste alguna vez Parrilla Peña , para mi uno de los mejores asados de tira. Buena seleccion de vinos a precios de supermercado. slds Marcelo

Los comentarios están cerrados.