De compras en París: la tienda de Izraël

De compras en París: la tienda de Izraël


Le Marais es un barrio elegante y muy antiguo de París. Ahí conviven hípster, gay, enanitos del bosque, poetas, millennials, políticos cool, millonarios, judíos con kipa para que no olvidemos que no hay nadie por encima de Dios y rusas de piernas larguísimas para recordarnos que el paraíso puede estar en la tierra. Hay refectorios de lujo, locales de diseño, galerías de arte, tiendas kosher, restaurantes con la estrella de David en la puerta, soberbios palacios -los franceses los llaman hotel-, museos y una multitud de chiringuitos que compiten por ofrecer el mejor falafel.

Más allá de esas tribus y lugares, esta barriada tiene desde el siglo XIII una parte intensamente judía llamada Pletzl, en donde no faltan dos sinagogas ni un conmovedor Memorial de la Shoa. Aquí no se vivieron horas felices durante la ocupación nazi -todos los barrios judíos de Europa conservan huellas de esa infamia- y hay muchísimos carteles que recuerdan nombres y algunos episodios.


Habían pasado las 5 de la mañana cuando hace una semana me levanté para abrir el WhatsApp y dirimir las últimas dudas sobre algunas compras (una canela y un Ras el hanout) que una amiga debía resolver en una distinguida “epicerie” parisina. Además de esas pequeñeces la viajera estaba buscando una especia árabe de la cual conocía la pronunciación, pero no la grafía: majlá. Le dije que muy cerca del Monumento al Mártir Judío Desconocido, en un borde del barrio de Le Marais, había una tienda en donde quizás podía encontrarla.


– ¿Cómo se llama ese lugar?
-Izraël o Le monde des épices. No esperes esos estantes ordenados de Roellinger, con los frasquitos uno junto al otro, todos del mismo tamaño. Esta es la cueva de Alí Babá y las riquezas se desparraman en un orden difícil de descifrar.
-Iré a buscar esa mezcla de especias que quiere mi suegra, pero no estoy muy segura de lograrlo. Hace dos años, en Egipto, me vendieron una falsificación infame.
He ido a esa tienda que recomendaba en la rue François Miron, una calle de la edad media que esquivo las piquetas del barón Haussman, unas cuantas veces. Si cierro los ojos puedo ver y oler ese interior caótico con estanterías hasta el techo y recipientes repletos de aromáticos dátiles traídos de Irán, Túnez o Egipto. Hay canastos con lentejas de Castelluccio, de Puy, beluga, de la Armuña o las turcas de coral; arvejas amarillas, gandules del Caribe, pequeñísimos petit pois, piselli llegados desde Casalborgone, Si uno mira los sencillos estantes de madera podrá distinguir, en abigarrada gramática, muchísimas latas y bebidas raras que se exhiben con orgullo: Raki duze armenio, Boukha tunecina, Mahia marroquí, Eau-de-vie de Marc de Champagne. También hay mangos, yerba mate, plátanos vietnamitas, paquetes con el perfumado arroz de Sourinam o del Delta del Ebro, cuernos de cabras magrebíes y todo tipo de especias.


El lugar siempre ha sido caro y los propietarios no se esfuerzan en demasía para controlar eso que equivocadamente se llama relación calidad-precios. Aquí se viene en busca del placer, a comprar y a cambiar gentilezas con el dueño del lugar.


-¿Te pregunté si querías que te compre algo?
-Si hay, no lo recuerdo, me gustaría una lata de Acquarello -dije, sin casi titubeos-. Es un arroz ahumado que hacen en Livorno, muy cerca de la tierra de mi mujer, y que dejan madurar durante 1 o 7 años.
Ya casi amanecía en el “lado de acá” de esa llamada. Si hubiera estado más atento le hubiera dicho a mi amiga que después de comprar en Izrael recorriera como un “flâneur” las 3 cuadras necesarias para llegar al Puente de Louis Philippe y a la Isla de Saint-Louis, “sería un escándalo vivir ahí”, decía una de las protagonistas de aquella novela de Proust. Después, por la calle del medio, hasta encontrar la heladería Berthillon.
-No te dejes tentar por la oferta -le hubiera dicho- el “tout de force” de toda heladería es la vainilla. Es la línea de fuego que separa a justos de pecadores.

Excepto la imagen de la puerta de Le monde des épices y la que indica el nombre de la calle, han sido sacadas de Internet.

Chez Izrael – Le monde des épices
30 rue Francois Miron
75004 Paris, Francia

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